Enfrentar al niño con la pérdida (la muerte)

”No me llores, no, porque si lloras yo muero… en cambio, si tú me cantas, yo siempre vivo, y nunca muero…
(Son Istmeño) ‘La Martiniana’’

‘Cuando la pena nos alcanza, por un hermano perdido,
cuando el adiós dolorido, busca en la fe su esperanza;
en tu palabra confiamos, con la certeza que Tu,
Ya le has devuelto a la vida Ya le has llevado a la luz’’
(Canción religiosa) ‘La muerte no es el final’’

‘’Tras esta puerta. Habrá paz, estoy seguro.
Y sé que ya no habrán más lágrimas en el cielo
¿Recordarías mi nombre? Todo volvería a ser lo mismo
si te encuentro en el cielo?
Debo ser fuerte Y continuar mi vida
Ya sé que aún no pertenezco al cielo.’’
(Traducción de canción) Tears in heaven de Eric Clapton


He elegido este tema, en virtud de ser reciente nuestra mexicanísima tradición del ‘Día de muertos’’ y para encabezar esta columna, decidí usar tres canciones de tres géneros diferentes, (folklórico, litúrgico y rock) por ser el tema más importante de la vida; si, paradójicamente, la muerte es la parte más importante de la vida y aunque es difícil y doloroso, es necesario que el niño comprenda el significado de ella.
La pérdida es algo que a lo largo de nuestra vida, afrontamos constantemente; desde el momento de nacer vivimos sufriendo pérdidas. Más sin duda alguna, la más difícil de todas, la más dolorosa, a veces insoportable, es la de nuestros seres queridos; e irónicamente, todos, unos tarde otros temprano, pero todos un día tenemos que enfrentarnos a ello.
Hace ya unos 18 años, estuve en Francia; y una amiga francesa y otra alemana, nos llevaron a un cementerio (casi sitio turístico) en que se encuentran tumbas de personajes famosos; cuando tocamos el tema de la muerte, ellas me dijeron que ‘’les parecía muy buena, la forma de tomar la muerte de los mexicanos; porque en Europa es un tabú, un prejuicio tremendo; que, como si temiéndole y evitando hablar de ella, se pudiera evitar; y que ocultándosela a los niños, estos ya no fueran a sufrir, que en cambio los mexicanos somos más realistas y fuertes’’ Obviamente me agradó tal concepto. Unos años después, aquí en Guadalajara fui a cantar a una primera comunión, acompañada por unos amigos rusos (judíos) recién llegados a nuestro país. En la misa, durante la homilía, el sacerdote preguntó a los muchos niños asistentes ¿quién de ustedes se va a morir un día? Y todos los presentes levantaron la mano, incluidos todos los niños; y cuando el padre hizo su apología del cielo, la vida eterna y …. ..la muerte, ante mis compañeros yo me apené y ruboricé un poco; entonces dos de ellos, (de nacionalidad rusa) me dijeron ‘’Que bien! Esto nos gusta mucho de México: que enseñen a los niños a ver la muerte con naturalidad’’ y también ellos hicieron alusión al tabú de los europeos. Esto me hizo confirmar la idea, de que al niño es mejor hablarle con claridad, de todas las cosas, sobre todo de ese punto tan trascendente que es: la pérdida. También hace mucho, leí a un célebre psicólogo infantil, que decía que, una de las ventajas de que los niños tuvieran mascotas, es la de que, como por desgracia, su vida es más corta o más frágil que la de los humanos, cuando el animalito muere, el niño va aprendiendo a lidiar con el dolor de la pérdida de un ser querido, en forma menos violenta, que cuando es una persona amada. Desde luego, esto no significa que estemos constantemente, tocando el macabro tema; ni que debamos obligar al niño a ver muertos, dolor, llanto y sufrimiento. Eso no es sano; menos aún esas acciones tétricas, casi de necrofilia, de en los funerales, obligarlos a besar al difunto. Es más, en lo personal, me parece sana, adecuada la recomendación, de -cuando el difunto no es familiar directo- evitar en lo posible, llevar a los niños al entierro o al velorio. Tal como se practica en los hospitales y con los enfermos en fase terminal o en estado de gravedad; aún cuando estos sean los mismos niños.


Octavio Paz dice en ‘’El laberinto de la soledad: ‘’El mexicano frecuenta a la muerte, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor permanente’’ Más no es que no le tema; le teme y la desprecia pero la venera’’ Y así es! Aunque le tenemos el mismo miedo que cualquiera (de cualquier parte del mundo) y aunque la pérdida de nuestros seres amados, es lo más doloroso que existe y no quisiéramos que nuestros hijos tuvieran que sufrirla nunca, por más que lo intentemos….. no lo podremos evitar. Por eso ante tal circunstancia, en lo personal, considero que es mejor, preparar a nuestros hijos, para hacerle frente al dolor de la pérdida de sus seres queridos y a disfrutarlos mientras viven todos.

Guillermina Espinosa
Cantante de Ópera at Independiente
Cantante de ópera, profesora de música y de historia, promotora cultural, comunicadora, maestra de canto. Orgullosa mamá de tres y abuela de siete. Mamá soltera apasionada de la música y la familia.
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