HUMILDAD Y POBREZA

’Como una estrella solitaria que brillara en el mar pequeña y triste,

así por un momento sentí el alma divina en su orfandad
quizá por un instante -nada mas- me comprendiste,

o Dios quiso que fuera en mi pobreza, el solo dueño de la inmensidad’’

(Canción Estrella solitaria’’ de Agustín Lara)

‘’Mi destino es muy parejo, yo lo quiero como venga

Soportando una tristeza o detrás de una ilusión

Yo camino por la vida, muy feliz con mi pobreza

Como no tengo dinero, tengo mucho corazón’’

(Canción El hijo del pueblo’’ de José Alfredo Jimenez)

‘’Pan angélico, pan celeste
Lo da siempre el Señor
al pobre, al siervo, al humilde’’

Canto litúrgico Panis Angelicus (traducción del latín)

Esta columna la ha inspirado que recién pasó el 4 de octubre, día de San Francisco de Asís, uno de los santos (tal vez el más) venerados del catolicismo, de toda la historia; respetado inclusive por gran cantidad de ilustres de otras creencias y religiones. Esto por su auténtica bondad y congruencia, basada en el amor a todas las creaturas de Dios y la más pura y entregada humildad.

Tal vez pensarán que en este artículo incurro en un error, al conjuntar ambas características, que la pobreza y la humildad no son la misma cosa; es verdad (no son lo mismo) y estoy plenamente consciente de ello. Es verdad que hay personas con alto nivel económico y poder adquisitivo que son sencillas, con gran sentido de humildad, y al contrario, personas muy pobres, de baja condición social y a pesar de ello soberbias y engreídas. No obstante lo anterior, es un poco difícil asimilar plenamente la humildad, sin comprender la pobreza y a las personas que viven en esa situación.

Como siempre, haré alusión a mi experiencia personal: Mi padre (que se llamaba Francisco) fue un destacado maestro, un hombre prominente en la cultura y tuvo varios puestos en la política. Sin embargo era de una honradez única, peculiar, casi patológica. Su principal peculiaridad consistía en que él amaba la pobreza; él tenía la originalísima idea (tal vez equivocada, no lo sé) de que la abundancia, la riqueza, la comodidad propiciaban los vicios, la corrupción y la soberbia; y que en la pobreza florecían las mayores virtudes. Tales ideas (repito tal vez erróneas) obviamente nos las inculcó y heredó, lo cual -aunque tenemos un respeto absoluto por su forma de vivir y no tenemos absolutamente nada que reprocharle- si nos ha creado un poco de conflicto, para ganar el dinero necesario. Más a pesar de ello, todos nosotros, toda la familia, incluidos sobrinos, nietos, hijos postizos y alumnos: (independientemente de la condición económica de cada uno) todos le estamos infinitamente agradecidos por habernos enseñado con el ejemplo, el valor de la compasión, la caridad, la sencillez y la humildad; por habernos enseñado la solidaridad y la comprensión con los más desvalidos, los más pobres; porque él era un emblema de humildad. Mi papá me regaló una buena cantidad de conocimientos, de los que recalcaba el hacernos comprender que éramos iguales a los demás, que teníamos la misma dignidad, los mismos derechos y la misma capacidad que cualquiera; que no éramos ni más, ni menos que nadie. Ya que tampoco se trata de hacer sentir a tu hijo, que vale menos que nadie, solo el sentido de la igualdad. Es que cuando se es humilde, es sencillo comprender las razones de los demás y por tanto convivir en sociedad. Tan es así, que muchos expertos recomiendan, que aunque los padres tengan buena situación económica, poner a los hijos a realizar trabajos propios de la clase humilde, para que aprendan a valorar el esfuerzo de los menos afortunados. Y pareciera paradójico, pero enseñándoles la práctica de la humildad, también se les enseña a cuidarse, es otra forma de protegerlos. Al enseñar a tu hijo, desde pequeñito, a no tratar mal a los demás, a no presumir ni ufanarse de sus privilegios, a no humillar a los más pobres, a ser humilde: no solo aprende a ser un mejor ser humano, al enseñarle a ser sencillo, humilde, harás de tu hijo una persona más integrada a la sociedad, lo vas a proteger de gente envidiosa y resentida; al ser humilde será una persona agradecida, útil y sobre todo seguro y feliz.

Guillermina Espinosa
Cantante de Ópera at Independiente
Cantante de ópera, profesora de música y de historia, promotora cultural, comunicadora, maestra de canto. Orgullosa mamá de tres y abuela de siete. Mamá soltera apasionada de la música y la familia.
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