Salud del Alma

‘’Ya no importa cada noche que esperé, cada calle o laberinto que crucé

Porque el cielo ha conspirado a mi favor, y a un segundo de rendirme te encontré

Enciendes luces en mi alma.

Creo en ti, y en este amor que me ha vuelto indestructible,

Que detuvo mi caída libre

Creo en ti y mi dolor se quedó kilómetros atrás

Mis fantasmas hoy, por fin están en paz’’

(Canción Creo en ti de Reik)

‘Me encontraste en un negro camino, como un peregrino sin rumbo ni fe

Y la luz de tu ser tan divino, cambió mi destino por dicha y placer’’

‘’Tengo el alma completamente enferma. Solo quisiera volver a los brazos de mi madre’’

(Canción Je suis malade de Dalida)

Sé que el presente es un tema delicado para una servidora, ya que no soy psicóloga, ni una voz autorizada en el tema y no es de ninguna forma mi intención tomarme atribuciones que no me corresponden, ni usurpar espacios; estoy consciente de que en esta tu revista escriben excelentes psicólogas y personas expertas en estos temas. Mi única intención al abordarlo, es hacerlo desde el punto de vista de profesora experimentada, de institutriz (que también me tocó ser) de madre, abuela, tía, madrina, en suma de mujer que ama a los niños, sobre todo a los más inocentes e indefensos y que siente una profunda compasión por todos los inocentes que sufren o viven en condición desfavorable. Y porque esta columna es sobre la experiencia como mamá en el terreno espiritual y de los sentimientos; y en ello es elemental la salud del alma y por consiguiente la búsqueda de la felicidad de nuestros hijos; de lo que se trata este espacio.

Se dice mucho que ‘’Mente sana en cuerpo sano’’ y (aunque menos) también ‘’la salud del alma, es la salud mental.’’ Repito, no soy psicóloga, pero a modo personal, creo que ambos proverbios tienen un poco de razón, pero no del todo. Ya que hay personas con un cuerpo enfermo o lastimado o débil, y con una admirable cordura y salud mental; y al contrario: personas con un cuerpo perfectamente sano y fuerte, más no así su mente, y otras, por desgracia, menos aún …. su alma. La violencia tan extendida, que en los últimos tiempos estamos viviendo, misma que ha alcanzado a los niños. En los últimos tiempos estamos viendo una violencia y falta de sentido humano, hasta entre los niños, cada vez de menor edad; lo que nos obliga a replantearnos: ¿qué valores estamos dando a nuestros hijos? ¿Estamos cuidando su verdadera educación, su salud moral? ¿No estaremos descuidando lo importante, al inculcarle rencor, discriminación, falta de tolerancia hacia las personas diferentes a él? Tal vez algo está fallando en la educación, en la omisión de cuidados hacia las personas desfavorecidas, en las guerras que nos muestran los medios, el tratar de inculcarles política, pretender convencer a otros de nuestras ideas: políticas, religiosas, de sexualidad, etcétera. Tal vez todo ello ha creado una sociedad enferma en muchos aspectos.

Lo que, en mi humilde opinión, debemos evitar, porque ante todo, nuestra obligación como madres es mantener su alma, su espíritu sano. En el intenso transcurso de mi vida, he observado que, en lo que si tiene algo de razón el dicho, es que en la mayoría de los casos, la mente si parece estar conectada al espíritu o al alma; la mente lo está al cerebro y el cerebro es parte del cuerpo. De modo que aunque lo que diré suene retórico, enredado y cantinflesco, es la única forma que encuentro; lo de ‘’mente sana en cuerpo sano’’ no es completamente cierto, pero si lo es. Y he aquí el punto central: según dicen los expertos, que así como la mayoría de las enfermedades del cuerpo se pueden evitar mediante la prevención, también algunas de las formas de malestar psíquico se pueden prevenir en la infancia. O sea que nosotras como madres, podemos prever que nuestros hijos sean adultos con cordura, paz y salud emocional, independientemente de algún revés que pudiere sufrir su salud corporal. También dicen voces expertas, que algunos trastornos psicológicos o neurológicos se producen por algunas enfermedades del cuerpo y anomalías físicas; y que hay sucesos traumáticos que se desencadenan por deficiencias o propensión física. Más sin embargo en mi experiencia, he notado que cuando en la mente y el alma hay paz y tranquilidad y el niño vive en un medio pacífico, rodeado de amor, y se le han inculcado y fortalecido los verdaderos y más esenciales valores; si por un revés llegara a presentarse algún accidente o algo que provocara algún problema neurológico o psicológico, este no tendrá consecuencias funestas. Si antes de ello, el niño era feliz, por lo general sigue siendo feliz. Conozco dos personas que a pesar de sufrir patologías, son muy buenas personas, útiles e integradas; y varios niños que a pesar de tener discapacidad intelectual, son completamente felices. Lo que –en mi opinión- es lo único que como madres debemos procurar y buscar a toda costa. La moral, paz emocional y felicidad de nuestros hijos debe ser lo primordial y absolutamente prioritario. Ante estos valores, cualquier otro resulta superfluo e irrelevante. Porque, además: ¿Quién puede definir quien está cuerdo? ¿qué es sensato y sano? ¿Quién puede decir con certeza, que es correcto y qué no? ¿a quién no le han dicho que está un poco loco? ¿quién no ha pasado por una depresión o un estado rarito? Y ¿Quién está exento de perder la razón? Nadie tiene derecho de juzgar a otro y nunca podremos complacer a toda la gente.

Entre las cosas que mi sabio papá nos enseñaba, nos decía a menudo, un sabio proverbio chino que dice así:

‘’Si has perdido tu fortuna, no has perdido nada

Si has perdido un amor, has perdido algo

Si has perdido la salud, has perdido mucho

Pero …. si has perdido la moral: lo has perdido todo’’

Así es! Lo único importante es que nuestro hijo sea una buena persona, que no haga daño a los demás, que nunca pase por encima de nadie, y sobre todo: Que se sienta satisfecho de vivir; que agradezca la vida que le diste y (o) le cuidaste; que sea una persona feliz! Lo único que podemos controlar en nuestros hijos es su paz mental, la salud de su espíritu o su alma; lo único que debemos buscar por todos los medios, es su paz interior, su felicidad.

Guillermina Espinosa
Cantante de Ópera at Independiente
Cantante de ópera, profesora de música y de historia, promotora cultural, comunicadora, maestra de canto. Orgullosa mamá de tres y abuela de siete. Mamá soltera apasionada de la música y la familia.
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